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Artículo de La Stampa, disponible en: https://goo.gl/sJcJbh

Francisco sigue de cerca el debate por la reforma previsional en su país y avala todas las declaraciones de la Conferencia Episcopal. Los obispos no sólo se han pronunciado por el diálogo y contra la violencia, el responsable de la pastoral social calificó directamente a la reforma como “una injusticia”

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ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ17/12/2017
CIUDAD DEL VATICANO

“Un pueblo que no cuida a sus abuelos no tiene futuro”. Mientras en Argentina crece la tensión tras el intento del gobierno por aprobar una reforma previsional que afectaría el ingreso de millones de ancianos, el Papa quiso ratificar sus palabras. Se lo dijo a un viejo amigo, Gustavo Vera, a quien recibió en las últimas horas en su casa del Vaticano. Se mostró preocupado, tras la escalada de violencia y la falta de diálogo. Avaló los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal. Y sentenció: “Me duelen los jubilados”. 

Fue el diálogo de dos viejos conocidos. La tarde del sábado 16, víspera de su cumpleaños, Francisco recibió a Vera en la intimidad de la Casa Santa Marta. En la conversación surgió inevitable el tema que enciende por estas horas a los argentinos, la reforma previsional. Según reveló el dirigente de la organización social La Alameda, el Papa está minuciosamente informado. Y dio su espaldarazo también a las intervenciones de diversas pastorales sociales, sobre todo aquellos que cuestionaron fuertemente la reforma. 

“Hay que recordar que recientemente el Papa hizo un video sobre la necesidad de proteger a los niños y los adultos mayores que tomó estado público en momentos en que comenzaba a tratarse el proyecto del gobierno. Pero en Argentina los medios lo ignoraron totalmente, salvo CrónicaTV”, precisó, en declaraciones al Vatican Insider.  

Vera se refirió así al “Video del Papa”, un clip viral que se difunde cada mes y con el cual es el propio líder católico quien ilustra sus intenciones mensuales de oración. En este mes de diciembre instó a todo el mundo a rezar para que los abuelos, “sostenidos por las familias e instituciones”, colaboren “con su sabiduría y experiencia a la educación de las nuevas generaciones”. 

En su encuentro, Jorge Mario Bergoglio accedió además a bendecirle su guardapolvo, esa bata blanca que es uniforme y emblema de los maestros de las escuelas argentinas y que él volverá a vestir en breve, cuando regrese a su puesto docente tras dedicar los últimos años de su vida a la política.  

Gustavo Vera es un caso peculiar. Ha sido el único político argentino en presentar un proyecto de ley para bajarse su sueldo y el del resto de los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires. Perdió esa votación, 47 a 4. Pese a ello, quiso seguir adelante y equiparó unilateralmente su estipendio al de un director de escuela. Así, cada mes donó el resto de sus percepciones a diversas organizaciones sociales. Al final de su periodo, del 2013 al 2017, había donado un millón 500 mil pesos. El pontífice no sólo destaca ese gesto, también aprecia su decisión de regresar a sus orígenes, las aulas. 

El ex legislador viajó a Roma invitado por la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales para participar en el foro “Ética en Acción”, una serie de reuniones periódicas de alto nivel para abordar temas de impacto internacional. La más reciente se ocupó del cambio climático. Se hospedó en la Casa Santa Marta del miércoles 13 al domingo 17. 

Mientras tanto, el ambiente político en Argentina se mantiene caldeado. El jueves 14, el gobierno del presidente Mauricio Macri debió desistir en su intento por aprobar la reforma previsional, ya para entonces cuestionada con dureza desde diversos sectores. El Congreso Nacional debió levantar su sesión mientras, afuera del recinto, un impresionante operativo de las fuerzas del orden concluyó con sonados episodios de violencia.  

De inmediato, la Conferencia Episcopal emitió un comunicado con un llamado al diálogo, el “único camino” transitable para responder a las “muchas urgencias y angustias” de los “hermanos más frágiles, especialmente los jubilados, y para construir una sociedad justa y equitativa”.  

“Parece necesario repetirlo: únicamente a través del respeto por las instituciones democráticas, que garantizan un diálogo al servicio del bien común, será posible superar las dificultades que agobian a nuestro pueblo”, agregaron. 

La rapidez con la cual se publicó este comunicado parece más bien un síntoma de los nuevos tiempos que corren en la Conferencia Episcopal Argentina. Desde la llegada del obispo de San Isidro, Oscar Ojea, a la presidencia, ese organismo ha captado un nuevo protagonismo. Con significativas declaraciones y tomas de posición. 

“Nuestro lugar como pastores es estar junto al pueblo y, de un modo particular, frente a nuestros hermanos los pobres”, dijo Ojea, en su primera aparición pública. A principios de noviembre ya se hablaba de una reforma laboral propuesta por el gobierno, que luego se dejó de lado. Al respecto, el obispo precisó, con sobriedad pero con firmeza: “para la doctrina social de la Iglesia el trabajo no es una mercancía, sino que hace a la dignidad de la persona, es el gran ordenador de la vida”.  

Pocos días antes, él y un nutrido grupo de obispos habían escrito una carta al Senado para pedirle que la propuesta de reforma al Ministerio Público Fiscal no acabe con las oficinas que aseguran el acceso a la justicia a las villas y los barrios pobres. Una iniciativa muchas veces destacada por el propio Papa y que la reforma proponía desbaratar. 

Luego, al acercarse la votación por la reforma previsional, Jorge Lugones habló de “inequidad”, “injusticia” y de una propuesta que “nivela para abajo”. El nuevo presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Social denunció la “desigualdad” a la que serían sometidos los jubilados. Y remató: “¿Cómo no vamos a custodiar a los que han enriquecido a nuestra patria y fortalecido nuestra sociedad con el trabajo que es de lo más digno que tiene el hombre, y que han generado una cultura del trabajo en Argentina?”.  

La Pastoral Social de la Arquidiócesis de Córdoba fue más allá y dirigió cartas a los diputados nacionales de su provincia para pedirles directamente que rechacen “toda iniciativa que atente en términos reales contra la situación material actual de los jubilados y aparte a los jubilados de su legítimo derecho a recibir lo suficiente para garantizar la dignidad de la vida”.  

Numerosos sacerdotes y algunos obispos incluso manifestaron públicamente su contrariedad al proyecto del gobierno. Como Sergio Buenanueva, de la diócesis de San Francisco, quien lamentó el intento por ahorrar para “bajar el insoportable déficit” afectando a los jubilados. 

En este contexto, todas las miradas se dirigen ahora a la anunciada reunión que sostendrá la cúpula de la Conferencia Episcopal, apenas electa, con el presidente Mauricio Macri. Un encuentro previsto para el martes 19, después de la sesión del lunes en el Congreso durante la cual el gobierno tratará nuevamente de aprobar su reforma. Y después también del paro convocado por la Confederación General del Trabajo contra esa ley. 

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